Cómo a causa de mi borrachera me dejé coger por mi ahijadito en la casa de mis compadres luego de la fiesta del grito.
Relato
Hola a todos, soy su amiga Vero y esto que les cuento me ocurrió hace unos años, en la fiesta del Grito de Independencia del 2011; en esa ocasión, mis compadres nos invitaron a su casa al festejo y a la cena, ellos tienen dos hijos, mi ahijado Raúl, quien cursa la secundaria y mi ahijada Anita, que está todavía en la primaria. Acudimos mi esposo, mis tres hijos, mis suegros y yo a la casa de los compadres y la fiesta fue de lo más tradicional, con pozole, tostadas y cervezas Negra Modelo para acompañar.
Después de ver el grito por la televisión, cenamos y comenzamos a bailar hasta que al dar las doce, mis suegros se retiraron, se llevaron a mis hijos y ya entrados en calor, comenzamos a tomar caballitos de tequila “Don Julio”, así la reunión ya se estaba poniendo bien, mi comadre bailaba con mi esposo Jorge y yo con mi compadre, quien siempre me ha tenido ganas pero por respeto a mi comadre, a la que la conozco desde la secundaria, nunca ha pasado algo.
Total que nosotros bailábamos y al calor del baile, nos acabamos la botella de “Don Julio”, además de una de “Torres 5” y hasta una de “Rancho Escondido”; para eso, ya eran las dos de la mañana y mi comadre ya bien tomada, se fue a dormir a su recámara, solo quedamos mi esposo y mi compadre, así que continuamos brindando y bailando pero mi esposo ya estaba bien pedo y cuando me di cuenta, ya estaba bien perdido acostado en un sillón. En ese momento, me entró la tentación y pensé “creo que el ganón será mi compadre”, total, estábamos bien tomados y con lo cachonda que me sentía, pensaba darle las nalgas con la menor insinuación que me hiciera.
Bailé otras dos cumbias ya bien pegaditos y él me estaba susurrando lo rica que me veía mientras me apretaba las nalgas, las que según mi esposo, las tengo bien redondas y paraditas; yo que dizque resistiéndome, le decía “compadre, no sea así, respete a mi comadre”; en eso, le dije que iba al baño, a hacer pipí y me comentó “sí, vaya comadre mientras descanso un rato”. Subí al baño y oriné muchísimo, luego me arreglé un poco pero al bajar, vi a mi compadre también roncando en un sillón y dije “¡qué mala suerte!, mi esposo pedo y mi compadre, que estaba de caliente, terminó igual” y pensé “ni modo, mejor me voy a descansar” y me fui a la recámara que nos preparó mi comadre, me sentía cansada y bien tomada, el tequila me había emborrachado.
Me dormí un poco más de hora y media hasta que me dieron muchas ganas de vomitar y como pude, me paré y apenas llegué a la taza, me vomité, hincándome y no paraba, todo lo estaba devolviendo. Así estuve un rato hasta que me empecé a quedar dormida, hincada y agarrada a la taza hasta que de pronto, sentí que me estaban manoseando las nalgas, ya me habían subido el vestido y sentía como unas manos suaves me recorrían las nalgas. Al principio, pensé que era mi esposo, o el canijo de mi compadre pero eran manos más chicas y más suaves, eso me alertó y volteé; en ese momento, vi que era mi ahijado Raulito y le dije “no, hijo, no hagas eso, respétame”, aún arrastrando la lengua, por el efecto de mi borrachera.
No me respondió pero seguía manoseándome toda y como pudo, me quitó mi pantaleta y la verdad, al estar tan tomada, no me podía levantar, solo recuerdo que trataba de apartarlo pero no le atinaba, de lo peda que estaba. Me di cuenta que ya tenía la verga de fuera e intentaba metérmela, aunque no encontraba la entrada de mi vagina, por lo velluda que soy; en ese instante, pensé “bueno, a ver qué pasa, a ver si no nos cachan aquí cogiendo en el baño y se arma un tremendo problema”.
Entre si me dejaba o no, por fin mi ahijado logró meterme su verga, ¡aaahhh, qué rico sentí!, no la tenía muy grande pero sí algo gorda y el muy cabrón me acostó en el piso del baño, se subió sobre mí y me daba duro, tal como lo hacen los chicos a esa edad, además me apretaba mis nalgotas y me daba duro y duro, al punto que sentía que sus huevitos chocaban con mis pompas y rebotaban. A los pocos minutos, sentí como se venía dentro de mí y me aventaba chorros de leche juvenil, dejándome llena toda la panocha con su líquido pegajoso y así nos quedamos juntos por un rato, ya me había cogido, ¿qué más podía hacer si no esperar que se quitara de mí?.
En eso, me besó y me dijo “madrina, ¡qué ricas nalgas tiene!, me encantan las señoras culonas como usted”, a la vez que me acariciaba mis pechos y la verdad, me daba algo de risa lo que me decía y sólo alcanzaba a responderle que ya se quitara de mí. En esos minutos, se le volvió a parar, se había recuperado muy rápido, lo usual a esa edad y me volvió a coger, me daba duro y me la metía y me la sacaba rápido, con su fuerza y con sus ansias por terminar rápido. De nuevo, no tardó en derramarse dentro de mí, ¡qué rico sentir esos chorros de leche caliente en mi pucha!, tenía un buen rato que no me llenaban de leche así, de hecho, me quité, le agarré su verga aún escurriendo de mocos y se la chupé, le chupaba su cabecita golosa y él sólo gemía que se lo hiciera más despacio.
Después de mamársela, todavía me regaló algo de su caliente néctar en mi boca, luego me preguntó si me la podía meter por atrás pero de plano, me quise quitar, eso ya era mucho, ya me había usado dos veces y encima quería romperme el culo, diciéndole “no, eso sí que no”. Lo siguiente que recuerdo es que me movían y me decían “madrina, madrina, despiértese que tiene bajado su calzón”, era Anita, mi ahijada, que me había encontrada tirada en el piso del baño medio desnuda.
Me dolía la cabeza y no sabía ni qué onda pero al empezar a reaccionar, vi que tenía levantado el vestido y mi calzón lo tenía en una pierna; como pude, me arreglé, me lavé la cara y me retoqué el maquillaje, luego le expliqué a la nena que había tomado mucho y me había quedado dormida cuando fui al sanitario. Todo me daba vueltas, ni recordaba bien qué había pasado hasta que poco a poco, rememoré la cogida que me dio mi ahijado y todavía me preguntaba si no había sido un sueño producto de lo borracha que estaba. Cuando bajé, mi esposo y mi compadre todavía estaban durmiendo y no moví a Jorge pero me acurruqué a su lado y me dormí otro ratito.
Al mediodía, mi comadre Guille nos movió y nos despertó para darnos un baño pero cuando me revisé, tenía moretones en las chichis y algunas mordidas en las nalgas y en las piernas; además, aún tenía la vagina muy pegajosa y al tocármela, vi que tenía semen y entre mis nalgas, el signo inequívoco que me habían enculado, sí había tenido relaciones sexuales con Raulito, mi ahijado. Enseguida me duché y me arreglé, luego le ayudé a Guille con los chilaquiles y desayunamos pero mi ahijado no desayunó con nosotros porque mi comadre dijo que estaba desvelado y me imaginé por qué. De todas maneras, no deseaba verlo en ese momento, tenía temor que se supiera lo que había pasado entre los dos.
En los meses siguientes, invitamos a los compadres para celebrar mi cumpleaños y ahí pasó otra aventura pero eso se los contaré otro día.
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Actualmente la secuela de este relato no se ha podido encontrar pero este perfil tiene el objetivo de que los usuarios den ideas y historias que quieren que se publiquen o sugerencias para que se continúen historias que se estén publicando en este perfil. Díganme qué es lo que quieren que pase entre Verónica y Raúl, y yo publicaré lo más pronto posible, acepto todo tipo de ideas así que sean Bienvenidos a dejar sus sugerencias y opiniones.