Llega el primer día de trabajo, y las cosas se complican para Candela. Hay que leer bien lo que se firma...
Relato
Hola, espero que os gusten los relatos, es la primera vez, por lo que si tenéis alguna sugerencia o idea estaré encantada de leerla. En caso de querer escribirme podéis hacerlo a mi mail concandela021@gmail.com
2. Primer día: No es lo que esperaba...
El día al fin había llegado, ayer recogieron mis cosas y me llevaron a mi nuevo hogar, se trataba de un pequeño apartamento en un quinto piso, en un edificio a pocos kilómetros del almacén donde me hicieron la entrevista de trabajo. Una sola estancia donde se encontraba una pequeña cocina y una zona de descanso más un baño que me sorprendió gratamente ya que contaba con una gran bañera con hidromasaje además de la ducha, el retrete y un lavabo con espejo. Me indicaron que en el piso de abajo se encontraba la zona común que incluía un pequeño gimnasio con algunos aparatos. También el almacén, donde podríamos coger productos de limpieza e incluso de comida para nuestro día a día.
Tras deshacer el equipaje y conocer un poco el lugar me fui a acostar para descansar bien para el día siguiente.
Me desperté temprano, a las 7 de la mañana. Me duche y vestí de forma informal, ya que me indicaron que tendría que usar un uniforme cuando llegara al estudio. Me fui a tomar un café a la comida y me puse en marcha. Eran las 7:25, a y media pasaba un minibús que me llevaría al estudio a mí y otros empleados que comenzaban su jornada temprano al igual que yo.
En el bus íbamos 4 personas además del conductor. 2 mujeres más y un hombre. Este iba charlando con el conductor. Las 2 chicas estaban calladas. Una iba mirando el paisaje. La otra iba haciendo movimientos raros. De vez en cuando daba pequeños botes en el asiento y suspiraba.
La mire de arriba abajo. Era una chica preciosa. Rubia de pelo por los hombros. Llevaba una blusa elegante con la que se le veía un gran escote y una falda corta ajustada. Las piernas cruzadas y unos tacones negros altísimos. Iba prácticamente de puntillas.
Volvió a dar otro bote y abrió los ojos. Se dio cuenta que la miraba y me devolvió la mirada. Me guiño un ojo y me sonrió. Avergonzada gire la cabeza y volví a mirar hacia delante. Estábamos llegando, ya se podía ver el edificio a lo lejos.
Nos bajamos del minibús en la entrada del edificio. No sabía a dónde tenía que ir, pero vi a un sonriente Pablo que me miraba y me acerque a él.
- Bienvenida a tu primer día ¿Te has instalado? ¿Has tenido algún problema?
Le sonreí de vuelta.
- Todo muy bien. Me ha encantado el apartamento, y tenemos todas las comodidades posibles.
- Acompáñame que te llevo a conocer a tu formador para poder empezar.
Entramos al edificio y me fue dirigiendo hasta llegar a otra puerta donde había un chico esperando.
Era alto y musculoso, con pelo corto rubio y unos increíbles ojos azules. Era guapo y no debía tener muchos años más que yo.
Nos paramos junto a él y Pablo me lo presentó.
- Te presento a Mario. Sera tu formador y te guiara hasta que estés lista. Es uno de los modelos de la agencia, mas adelante seguramente compartiréis trabajo.
Mario me miró fijamente y me ofreció la mano. Se la di tímidamente y este me dio un buen apretón. Me acerco un poco a él y me dijo.
- Te acompañaré a cambiarte.
Sin yo decir nada, me llevo de la mano hacia un vestuario con un montón de percheros lleno de ropa, llegamos al fondo de la sala y me soltó. Se dio la vuelta y me señaló una taquilla.
- Guarda aquí todas tus cosas. Desnúdate mientras voy a por tu uniforme.
Me dejo sola. Abrí la taquilla y deje mi chaqueta. Comencé a quitarme las deportivas y los calcetines, seguido los pantalones. Termine con la blusa y lo guarde todo quedándome en ropa interior. Llevaba unas braguitas blancas a conjunto de un sujetador sencillo sin aros.
Mario volvió con una percha. Se trataba de un mono completo de un material ligero y brillante, de color negro.
- Te dije que te desnudaras. – Me dijo al mirarme.
- Pero...
- Sin peros, quítatelo todo, con el uniforme no puedes llevar nada debajo.
Me estaba mirando fijamente de nuevo. Me intimidaba. No quería obedecerle, pero algo me decía que como no le hiciera caso tendría que atenerme a las consecuencias.
- ¿Necesitas ayuda o puedes sola? – Me dijo subiendo la voz.
Mis manos comenzaron a temblar mientras lentamente llevaba mis manos a mi espalda para quitarme el sujetador. Me eché el pelo hacia delante intentando taparme un poco ya que Mario seguía mirándome y me quite poco a poco las bragas. Una vez que tenía ambas prendas en la mano, Mario me las quitó, se las acerco a la nariz y tras olerlas las metió en la taquilla cerrándola a continuación.
Me sonroje y me quede mirando lo que hacía mientras trataba de taparme lo máximo posible mis pechos y mis partes íntimas.
- Te ayudare a ponerte el uniforme, es complicado de poner, y es necesario echar este lubricante para que resbale mejor. Date la vuelta.
Me había quedado muda, me era imposible decir nada. Me di la vuelta y noté como Mario se agachaba y me comenzaba a untar en los pies una especie de crema fría. Siguió subiendo por las piernas y los muslos, llegando a mis partes intimas. Trate de apartarme, pero él no me dejo.
Me acaricio suavemente durante unos segundos haciéndome pegar un bote a la vez que soltaba un gemido que hizo que me sonrojara aun más. El se rio suavemente y aumento la velocidad de las caricias. Intente apartarme de nuevo pero era imposible. Siguió acariciándome cada vez más rápido. Comencé a notar un cosquilleo y cerré los ojos ligeramente. Continuó hasta que note algo que no había sentido nunca. Un placer que hizo que perdiera la fuerza en mis piernas y dejara de pensar durante unos segundos.
Me agarro con más fuerza y acerco su cara a la mía.
- Lo que acabas de sentir es un orgasmo – Me dijo al oído.
Yo estaba confundida y nerviosa, avergonzada, no me salían las palabras. Era la primera vez que sentía algo así.
Cuando todo volvió a la normalidad, Mario siguió subiendo, extendiendo la crema fría por el resto de mi cuerpo. Al llegar a los pechos note otra caricia en mis pezones. Los tenía duros. Mario al notarlo dio un par de pellizcos en cada uno haciéndome pegar un pequeño grito. Siguió extendiendo la crema hasta llegar a mi cuello.
Cuando sus manos se alejaron de mi cuerpo note algo de frio, pero no duró demasiado cuando Mario se volvió a agachar para ayudarme a ponerme el traje. Era totalmente pegado a la piel, desde los tobillos a las muñecas, dejando mis manos libres. Me lo subió hasta el cuello y me acerco a un espejo. Me levantó la cabeza con la mano para que viera mi aspecto y se puso detrás de mí sin soltarme. Me acerco a su cuerpo y note un bulto que se clavaba cerca de mi trasero.
Mire hacia delante. Se me notaba todo. Mis pechos parecían más grandes por la excitación. Mis pezones erectos... Mi cara se encontraba tatamente sonrojada. Mire un poco hacia arriba hacia Pablo y este sonreía de medio lado.
Trate de apartarme de nuevo, esta vez Pablo me dejo libre.
Me di la vuelta y le mire a los ojos.
- Yo... esto no es decente, este uniforme... – Trate de decir con mi voz temblorosa.
Baje un poco la mirada notando un bulto en sus pantalones. Aparte mis ojos de ahí y volvi a mirarle a la cara.
- Tu contrato indica que deberás usar el uniforme que considere la empresa. Tu misma lo firmaste.
- Si pe-pero yo no esperaba esto. Pe-pensé que sería algo menos... – el me interrumpió.
-¿Sexi? Candy, aquí perderás toda tu mojigatería, hazme caso. Acompáñame que nos hemos entretenido más de lo planeado.
- No me llamo...
Tiro de mí interrumpiendo lo que iba a decir e hizo que me sentara en una silla. Se acercó a una estantería donde cogió unos zapatos negros. En cuanto los vi me quede impresionada. Eran muy parecidos a los que llevaba la chica del minibús, aunque no tenían un tacón tan extremo.
- Yo no puedo andar con eso.
- Tendrás que aprender, es necesario que uses este tipo de calzado en el estudio. Estos son solo zapatos de entrenamiento. Al final usaras unos con mucho más tacón. – Dijo mientras terminaba de ajustarme el segundo zapato.
- No...
El me miró de nuevo cuando terminé.
- Pronto aprenderás donde te has metido Candy, deberías haber leído tu contrato con más atención.
Tenía razón. No sabía dónde me había metido, esto comenzaba a asustarme un poco. Con los zapatos ya puestos, Mario me ayudó a levantarme y trate de dar unos cuantos pasos. Era difícil mantener el equilibrio, no sé cómo se las arreglaba la rubia del minibús.
Poco a poco me fui acostumbrando y Mario me acompaño de nuevo a donde habíamos dejado a Pablo. Este se encontraba fuera del vestuario hablando por teléfono. En cuanto nos vio aparecer colgó y me miro de arriba abajo.
- Estas perfecta. Ahora solo queda ir a hacer las fotos de presentación. Acompáñame. – Se dio la vuelta instándome a seguirle. Mario me agarro de nuevo, tirando de mí para que los siguiera hacia otra sala.
Era un estudio de fotografía. Había varias personas. Un hombre que sacaba fotografías a una chica semidesnuda y otro más cerca suyo que andaba de un lado a otro con diferentes cosas.
Me pare en la puerta evitando entrar. Mario trato de empujarme pero me agarre con las dos manos evitándolo.
Pablo en cuanto noto que no le seguimos se dio la vuelta y se acerco a nosotros.
- ¿Qué ocurre?
- No quiero hacer esto.- Dije mirándole.
- Solo te van a sacar unas fotografías. Estaba incluido en el contrato junto a la cesión de derecho de imagen. Tenemos que hacer un álbum de cada modelo para que lo vean los clientes.
- Pero...
- Pero nada Candela. Aceptaste el trabajo. Firmaste y tienes que hacer todo lo que te digamos. En caso de que incumplas el contrato tendrás que pagarnos una indemnización de 1 millón de euros si no quieres ir a la cárcel.
- Esto no puede ser legal. Tengo mis derechos, esto es...
- Nos cediste tus derechos cuando firmaste cariño. La próxima vez leerás todo bien antes de firmar un contrato.
Mis ojos comenzaron a aguarse. Trate de decir algo, pero era imposible. Estaba atrapada y no sabía qué hacer. No tenía el dinero y no podría conseguirlo.
Me guiaron a un costado donde había una zona de maquillaje con algunas mesas y sillas. Me llevaron hacia una de las sillas y me senté.
- Me dijisteis que no era necesario mostrar la cara. – Dije mirando a Pablo.
- Dije al principio, y es cierto. Frente a las cámaras de video no deberás hacerlo los primeros días, pero para estas fotografías es obligatorio.
Tras decir esto se fue, y una chica se acerco a mí. Sin decir nada comenzó a maquillarme. Los labios rojos. Un ahumado en los ojos con tonos oscuros que hacía que me viera más atrevida. Me soltó el pelo y con un rizador acomodo mi pelo para que se viera mejor. Cuando termino, llamo de nuevo a Pablo y este me guió al escenario ya vacío.
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Bueno, aqui acaba el segundo capitulo. ¿Que os a parecido? ¿que creeis que pasara a continuación?